Equinoccio de Otoño, equilibrio de luz y oscuridad

 

Ya estamos en el Equinoccio de septiembre, que marca el ingreso al Otoño en el hemisferio norte y a la Primavera en el hemisferio sur.  En casi todo el planeta, menos en los polos, el día dura igual que la noche, de donde viene el significado de la palabra “equinoccio” aequs-nox: “noche igual”. Es por ello que se habla del equilibrio de la luz y la oscuridad, en la eterna danza de estas dos fuerzas que, más que opuestas, son complementarias.

Este es el símbolo que también marca el signo de Libra, la balanza, la justicia y la belleza de estar en ritmo. El día del equinoccio, la salida del Sol se alinea exactamente con el este y su puesta se alinea exactamente con el oeste. El equinoccio es el gran marcapasos de la naturaleza, la luz que revela los ritmos de la naturaleza. 

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En el norte, tenemos entonces oficialmente la llegada del otoño (una precisión que difícilmente se sostiene debido al cambio climático). Esta fecha antiguamente se celebraba dando gracias a la Tierra por la plenitud del verano, compartiendo los frutos de la cosecha, a la vez que se inicia la preparación para el invierno, donde se habrá de conservar la energía a través del recogimiento. Es esta fecha la que realmente marca la muerte de la naturaleza, la luz que se extingue como las hojas que caen de los árboles. En el solsticio de invierno, en realidad lo que se celebra es el renacimiento de la luz.

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En el hemisferio sur el 22 de septiembre se celebró el equinoccio vernal, que marca la llegada de la primavera y con ella la fiesta de la luz en su ascenso hacia su máxima intensidad, la fructificación de la intención, las flores físicas y metafísicas que adornarán el verano. El éxtasis de la juventud en su refulgente eclosión.

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En la llamada “Biblia de la acupuntura”, el clásico interior del emperador amarillo (Huangdi Neijing) se explica que el ser humano debe adaptarse a las diferentes estaciones puesto que cada una de ellas tiene diferentes cualidades; particularmente, entre menos sol hay en la naturaleza es menor la energía vital (qi) a la que tiene acceso el hombre. Se desprenden de aquí los siguientes hábitos preventivos, según la estación del año:

-En invierno se debe acostar temprano y levantarse tarde. Esto es especialmente importante para cuidar el riñón.
-En primavera uno debe acostarse tarde y levantarse temprano. En esta temporada el cuidado especial es sobre la energía del hígado.
-En verano uno se debe acostar tarde y levantarse temprano. Aquí hay que cuidar el corazón.
-En otoño se debe acostarse temprano y levantarse temprano. Aquí se cuida la energía pulmonar.

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El sentido esencial con el que los antiguos entendieron los equinoccios y los solsticios, fue el gran marcador de los ritmos cósmicos en la Tierra, relojes de luz y sombra que marcaban una tendencia que hace manifiestos los diferentes arquetipos que informan nuestra existencia. Creyeron que regirse por y para ordenar su vida en torno a estos ritmos energéticos, era la mejor forma de asegurar su salud y prosperidad.

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El médico suizo Paracelso, quien viajó durante la época del Renacimiento por diferentes países de Europa y Asia Menor recuperando las tradiciones locales, escribió que la verdadera maestra de medicina es la naturaleza, una medicina que es en realidad una filosofía de vida. En el simbolismo de los solsticios y los equinoccios se revela esa filosofía natural que permite vivir en armonía.

 

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